¡Es Hora de Decir “NO” al MAL MENOR!

[Declaración editorial de los resultados de la elección presidencial en EUA del 8 de noviembre, publicada en The Organizer, periódico mensual de la sección estadounidense del CORCI.]

Tras la victoria de Donald Trump el 8 de noviembre, una serie de prominentes pensadores de la izquierda liberal con un fuerte arraigo en el movimiento obrero –sobre todo Michael Moore, Robert Reich y Arun Gupta–, escribieron artículos sobre la debacle de Hillary Clinton, los cuales contienen ideas valiosas.

Pero estos autores llegan a la conclusión de que es necesario recuperar al partido Demócrata de la derecha que ha tomado el liderazgo del Comité Nacional Demócrata (CND).

Nosotros decimos: Algunas buenas apreciaciones, pero conclusión equivocada.En primer lugar, echemos un vistazo a algunos de los puntos en los balances de estos escritores con los que estamos de acuerdo:

  • Clinton ganó el voto popular por más de 1 millón de votos –la segunda vez en 16 años que un candidato que gana el voto popular pierde la elección. El Colegio Electoral, una reliquia del siglo XVIII, expresión del miedo de la clase gobernante a la decisión de la mayoría, ¡se tiene que ir!”’ ¡Abrogación del Colegio Electoral!
  • Clinton perdió porque tenía cerca de 9 millones de votos menos que Barack Obama en 2008, y aproximadamente 5 millones de votos menos que en 2012. “No hay duda que gran parte de la base Demócrata repudió a Clinton”. “Clinton ignoró a la base obrera de Sanders, que exigía atención médica pagada por el Estado, pero en su lugar, emitió ambigüedades sobre el libre comercio y ofreció más militarismo”.
  • “Aquellos que hoy dicen estar ‘aturdidos’ y en ‘’shock’ por los resultados no estaban prestando atención a [sus] colegas estadounidenses y su desesperación. Después de años de cólera sólo creció la necesidad de venganza contra el sistema.”
  • “Obama no ayudó a los trabajadores a pesar de su rotundo mandato. Gastó su capital político para salvar a Wall Street y diseñar un sistema de salud que benefició más a la industria con fines de lucro [compañías de seguro privadas) que a sus pacientes. Durante su mandato, millones perdieron sus hogares, se hundieron en el desempleo y cayeron en la pobreza”.
  • “Trump alimentó el racismo de la derecha y la misoginia. Tomó la desgracia social y económica de los trabajadores producida tanto por Demócratas como por Republicanos y los alimentó a través de un molino racial para hacer su embutido alt white[i]
  • “Los Demócratas han ocupado la Casa Blanca durante 16 de los últimos 24 años, y durante cuatro de estos tuvieron control de ambas cámaras del Congreso. En todo ese tiempo no lograron revertir la caída de los salarios de la clase trabajadora y la disminución de su seguridad social. Tanto Bill Clinton como Barack Obama fervientemente empujaron los acuerdos de libre comercio sin tomar en cuenta a millones de obreros que quedaron en el desempleo como consecuencia de estos tratados, y tampoco proporcionaron los medios para conseguir otros empleos que tuvieran condiciones similares en salario y derechos.”
  • “Los Demócratas se mantenían como espectadores mientras las corporaciones golpeaban a los sindicatos, la columna vertebral de la clase obrera blanca – fracasaron en hacer reformas que impusieran sanciones a las empresas que violen la ley laboral, o legislar a favor de la formación de sindicatos de trabajadores con votación directa y simple. Debido a esto, los sindicatos perdieron miembros, y la clase trabajadora perdió el poder de negociación para obtener al menos beneficios económicos”.

Todo esto es cierto. Pero estos escritores no proponen lo que sería la única conclusión lógica, a saber, que es el momento para que los sindicatos, golpeados duramente por las corporaciones, rompan con los Demócratas y construyan su propio Partido Político Independiente.

Estos escritores liberales –Moore y Reich, en particular– simplemente proponen más de lo mismo: subordinación continua al Partido Demócrata. ¡Este es un callejón sin salida!

¡Es hora de decir “No” al mal menor!

Michael Moore llama a “asumir el control del Partido Demócrata y devolverlo al pueblo.” “El primer paso en este esfuerzo, dice, es exigir “que el Comité de Dirección Nacional (CDN) se disculpe con Bernie Sanders por organizar elecciones primarias arregladas en su contra”.Por su parte, Robert Reich llama “a los miembros y líderes del CDN a renunciar y ser reemplazados por personas decididas a crear un partido que represente a América –incluyendo a todos aquellos que se sienten marginados sin poder y que los han dejado fuera política y económicamente.”

El Partido Demócrata“, escribe, “en el pasado fue fiel representante de la clase obrera. Pero en las últimas tres décadas ha sido secuestrado por los grupos de cabildeo y presión (lobbyings) con base en Washington, los cuales se han centrado en recaudar fondos de los ejecutivos de las corporaciones y Wall Street, a la par de buscar obtener votos de los hogares de clase media alta en los ‘swing suburbs’. … Necesitamos un Nuevo Partido Demócrata que luche contra la intolerancia y la creciente desigualdad”.

Ambos escritores insisten en que la tarea principal en los siguientes dos años es empujar a Elizabeth Warren y a Bernie Sanders para retomar al Partido Demócrata y elegir “reformadores” para presentarse el las elecciones en 2018 a todos los niveles. “Se trata de 2018 – no sólo 2020”, insisten.

No nos sorprende que ambos escritores guarden silencio sobre un aspecto clave hoy para los trabajadores estadounidenses, que es la necesidad de que el movimiento obrero rompa sus lazos de subordinación al Partido Demócrata y construya un Partido de la clase obrera basado en los sindicatos, en alianza con todos los sectores oprimidos y explotados.

No. El Partido Demócrata nunca ha sido el partido de la mayoría de la clase trabajadora, como se nos dice. El partido es financiado y controlado de manera vertical por las corporaciones y los capitalistas. Siempre lo ha sido. Décadas de intentos por “reformar” al Partido Demócrata han fracasado miserablemente. Todos estos esfuerzos terminaron desmovilizando y descarrilando a los movimientos que buscaban un cambio social. En nombre de apoyar a los candidatos del “mal menor” (o los menos peores), los movimientos de masas han sido sacados de las calles y conducidos hacia vías seguras (para la clase dominante) del Partido Demócrata.

¡Acciones independientes masivas en las calles!

Los activistas ya están comenzando a llamar a los sindicatos y a las organizaciones de movimientos Negro y Latino para estar al frente de la resistencia contra los ataques inminentes racistas, anti-feministas y anti-obreros que se están gestando en la torre Trump.
Es necesario que sean organizadas de manera urgente acciones masivas de Frente Único que incluyan en coalición todos los movimientos y que sean independientes tanto económica como políticamente de los Demócratas, alrededor de las siguientes demandas:ü  Detener el avance de la privatización de los servicios públicos y los golpes a los sindicatos.

Detener el avance hacia la privatización de la Seguridad Social y la quiebra de Medicare.

¡Detener los ataques hacia los derechos ganados en salud: que solo sea un pagador único (Single Payer), Medicare para todos!

Detener los asesinatos policiacos hacia la juventud Negra, los cuales seguramente se incrementaran en las manos de un cuerpo de policías envalentonados, pro-derecha, pro-Trump!

Detener los ataques acelerados hacia los derechos de los votantes de raza Negra. ü  Detener las deportaciones y ataques hacia los inmigrantes indocumentados!

Detener los ataques anunciados del derecho a decidir de las mujeres (leyes sobre aborto, actualmente en varios estados de la unión americana este derecho es reconocido legalmente y Trump anunció que se reducirá, o abrogará, este derecho).

Detener la intención de revertir los derechos ganados de la comunidad Lésbico-Gay-Bisexual-Trans-género (LGBTQ)!

Detener las guerras intervencionistas que han ido en aumento contra la clase trabajadora alrededor del mundo.

Es necesaria la movilización de cientos de miles de personas en cada rincón del país en apoyo de todas estas y otras luchas –no importa si son coaliciones basadas en un sólo punto o en múltiples demandas. ¡Hoy es el momento para la acción masiva y coordinada en las calles!

Pero es necesario que las acciones no sean cooptadas por el Partido Demócrata. Líderes de ese partido apoyarán e impulsarán estas acciones y buscarán desviarlas, insistiendo que éstas deben estar enmarcadas y organizadas de tal manera que sirvan para promover sus esfuerzos legislativos para derrotar a los Republicanos en el 2018 y el 2020.

A esto decimos No. Las acciones de protesta para que puedan tener éxito, deben responder a un llamado amplio de las bases y ser independientes de los Demócratas y de su agenda legislativa. Las demandas deben ser precisas y no estar atadas a ningún compromiso de tipo político. Las coaliciones que se encuentren organizando estas acciones deben estar basados en asambleas democráticas, basadas en la mayoría de las masas. Cualquiera que apoye estas demandas es bienvenido y es necesario que participe. Pero la subordinación al Partido Demócrata es una receta segura al desastre.

Es necesario que los sindicatos tomen la batuta en la construcción y el llamado a estas acciones masivas, poniendo sus recursos y miembros a disposición de esta tarea.

También es vital orientarse y ganar a la clase obrera blanca que apoyó a Trump, que se encontrarán en medio de un violento despertar cuando Trump –en su intento de implementar su agenda económica a la medida de las corporaciones–, comience a recortar sus programas de salud, cerrando más fábricas y fuentes de empleo, enviando a sus hijos e hijas a luchar y morir en guerras lejos de su país y dejando a decenas de miles de ellos sin hogares.

Y aún hay más, algo que tiene mayor importancia; Será necesario en el período que se acerca –para que la clase obrera y sus aliados puedan prevalecer y revertir estos ataques– los sindicatos deben romper sus ataduras de subordinación al Partido Demócrata y construir una voz independiente, un Partido Político Independiente propio, en alianza con sus aliados Latinos y de raza Negra.

¡Es tiempo que la clase obrera relance la idea de crear una Organización Política de Promotores del Labor Party (Partido de los Trabajadores)!

El movimiento sindical, a pesar de estar severamente debilitado por décadas de ciega confianza en el Partido Demócrata, todavía es poseedor de una fuerza formidable; este poder puede crecer exponencialmente, siempre y cuando se desencadene de su subordinación hacia los Demócratas.

Justo en esta elección, los sindicatos gastaron $400 millones de dólares para apoyar la candidatura de Clinton; la Unión Internacional de Empleados de Servicio SEIU[1] aportó más de $70 millones. Según la AFL-CIO, los sindicatos o uniones movilizaron decenas de miles de sus miembros[2] y tocaron 9.5 millones de puertas. Invirtieron $40 millones solamente para registrar a nuevos votantes.

Los sindicatos, claro está, se movilizaron para apoyar A LA CANDIDATA de Wall Street, alguien que fue rechazada por un enorme número de trabajadores sindicalizados; Clinton, apenas le ganó a Trump entre los hogares de los trabajadores sindicalizados.

Esta es la razón por la cual el esfuerzo de los sindicatos fracasó. El apoyo masivo entre la clase obrera que existió para Obama en 2008 no existió para Clinton en 2016. Pero el hecho es que estos recursos sindicales todavía están ahí y podrían ser puestos al servicio para la acción política independiente de la clase obrera.

Tal como lo hemos dicho una y otra vez en las páginas de nuestro periódico The Organizer/ El Organizador, el obstáculo número uno al que se enfrentan los trabajadores en Estados Unidos es la subordinación de los líderes sindicales al Partido Demócrata; recordemos que los sindicatos son las únicas organizaciones que representan y organizan a los trabajadores como clase.

Por lo tanto, ayudar a los sindicatos obreros a romper con esa tenaza que los sujeta, es una de las tareas centrales que enfrentan los activistas laborales independientes.

Los trabajadores se encuentran en la búsqueda de una alternativa. Nnamdi Scott lanzó una candidatura independiente de la clase obrera Negra para el el pueso de Consejero Municipal en la ciudad de Baltimore y obtuvo alrededor del 10% de los votos, sólamente con una campaña pequeña y con poco financiamiento. Necesitamos docenas de campañas con personas como Nnamdi Scott por todo el país en 2018.

Lo que necesitamos ahora es un comité nacional promotor del Labor Party, que tenga al frente a líderes del movimiento sindical, Negro y Latino, que promueva una nueva estrategia política para la clase obrera. Dicho comité –formado a imagen del Comité Promotor del Labor Party en los años noventa (Labor Party Advocates)– tendría como objetivo promover acciones masivas independientes de resistencia en las calles, pero su foco principal seria lanzar candidatos obreros y populares independientes en las elecciones locales y estatales en 2018.

¡Sigamos el ejemplo de los 19 Activistas Sindicales de Cleveland!

Hace 2 años, tras los resultados de la derrota del Partido Demócrata en las elecciones legislativas, 19 sindicalistas de base en Ohio –a iniciativa del ya fallecido secretario de la Red de Resistencia Obrera (Labor Fightback Network), Jerry Gordon– enviaron una carta abierta a los dirigentes y delegados del Consejo Laboral AFL-CIO en Cleveland, urgiéndoles para lanzar candidatos obreros independientes para puestos públicos.

El mensaje que enviaron es de gran relevancia hoy día. Ellos escribían en aquel entonces lo siguiente:

Al evaluar la aplastante derrota sufrida en las elecciones del 4 de noviembre [de 2014], la necesidad de re-evaluar nuestra estrategia electoral es imprescindible. En nuestra opinión, el movimiento sindical –junto con nuestros aliados en los movimientos populares– necesita presentar sus propios candidatos independientes para cargo públicos y no confiar en partidos políticos de la clase dominante que haga por nosotros lo que debemos hacer para nosotros mismos. …

En 2008, la elección de Barack Obama a la presidencia, con una mayoría del Partido Demócrata en ambas cámaras del Congreso, dió lugar a un sentimiento de esperanza para mucha gente. Sin embargo, ni el presidente ni el Congreso hicieron nada en relación a ·      la creación de un programa nacional de empleos, ·      gastos de infraestructura, •        reforma (positiva y pro-sindical) a la ley laboral, con la introducción de una ley facilitando el registro sindical y la firma de contratos colectivos,·      sistema público de atención médica universal (eliminando a la compañías de seguro, que no son mas que empresas parasitarias con fines de lucro)·      aumento del salario mínimo, o ·      Acciones para asegurar un ambiente limpio y saludable. ·      Y la lista continúa…”

En cambio, una presión implacable surgió de la administración para aprobar una legislación contra los trabajadores como parte de los tratados de libre comercio (TPP), la cual un delegado del sindicato de acereros en la reunión mensual de delegados llamó ‘NAFTA/TLC con esteroides’.

“El país también experimentó una creciente desigualdad de ingresos en los últimos años, y los recortes generalizados a las pensiones están llevando a cada vez a más personas a la pobreza.

Las encuestas muestran que el 60% de la población estadounidense se encuentra a favor de la formación de un nuevo partido político independiente. Sólo el 36% de los votantes votaron en las elecciones intermedias (legislativas).

“La gente está harta de los dos partidos principales y mostró un rechazó enorme al Partido Demócrata el 4 de noviembre, un partido que como sindicatos continuamos apoyando cada elección de ciclo electoral con fondos y con activistas en las calles cabildeando. ¡Es hora de un cambio! ¡Es hora de construir una alternativa efectiva! “La falta de una voz crítica de los trabajadores y sus aliados en la arena electoral ha generado un monopolio de poder por las grandes corporaciones y sus agentes políticos, con Wall Street haciendo estallar los tapones de champán como resultado de la elección del 4 de noviembre.

“Se acercan tiempos difíciles para el movimiento obrero. Es urgente, creemos, un debate al interior del movimiento que discuta qué hay que hacer para ganar un peso real en la arena política y electoral. Permitamos que den su opinión los que defienden a los Demócratas (o los que apoyaron al Partido Republicano anti-obrero), pero así también démosle voz a los promotores de una accionar y un partido independiente de los trabajadores (Labor Party).

“Por lo tanto, únanse a nuestra demanda que la Federación del Norte de la Bahía (de Ohio) de la AFL-CIO programe tal debate en los próximos días. Creemos que los temas que deben ser incluidos en la discusión son los siguientes:

1. La clase obrera necesita desarrollar su propia estrategia electoral independiente.

2. Análisis de las elecciones como la culminación de actividades de construcción de coaliciones de masas y de construcción de coaliciones todos los días del año, no como una actividad separada.

3. La conformación de un Comité de Formación de Representantes que entrene a miembros sindicales (y a líderes de la comunidad) como posibles candidatos de la clase obrera/sectores populares.

4. Desarrollo de un plan estratégico que coloque las bases para el lanzamiento de candidatos independientes de la clase obrera/sectores populares con el objetivo de construir una organización política nacional que en un futuro se convierta en un Partido Político Independiente que acompañe a los trabajadores en sus luchas cada día del año y no sólo los periodos electorales.

5. Decidir qué plataforma y asuntos deben ser los principales para los trabajadores y sus aliados en los sectores populares, a fin de motivar y crear un cambio para el mejoramiento y empoderamiento de la clase obrera”.

Es tiempo ahora para difundir esta carta abierta y transformarla en resoluciones que deben ser enviadas a los sindicatos y consejos laborales a lo largo y ancho del país. El tiempo es ahora para celebrar una conferencia de base amplia (o si las condiciones lo permiten, un congreso) de los trabajadores y los oprimidos para promover el lanzamiento de candidatos obreros/de la comunidad independientes y dirigir la discusión alrededor de la necesidad de un nuevo Partido Político de la mayoría de la clase obrera –un partido basado en los sindicatos y en las comunidades de los oprimidos. — 16 de noviembre de 2016

Fuentes:

Los siguientes artículos fueron citados en este Editorial:
• “A prophecy of Trump’s ascension to power (prior to the election) and some to do lists from Michael Moore” — reimpreso del blog de Michael Moore (Nov. 10, 2016)
• “Unions investigate their poor showing for Clinton,” por Ted Hesson y Marianne Levine (Politico, Nov. 10,2016)
• “Warren offers Democrats path forward in Trump era,” por Gabriel Debenedetti y Madeline Conway (Politico, Nov. 10, 2016)
• “Trump Won Because the Democratic Party Failed, Not Because the White Working Class Revolted,” por Arun Gupta (The Nation, Nov. 11, 2016)
• “It’s Time to Dismantle the Democratic Party and Start Anew,” por Robert Reich — reimpreso de RobertReich.org (Nov. 10, 2016)
• “Progressives Should Remember It Is Darkest Just Before Dawn,” por Richard Kirsch (The Huffington Post, Nov. 10, 2016)

* * * * * * * * * *

 Estados Unidos de América”

¡Trump vs. Clinton: ni el uno ni la otra!

[Editorial del número de octubre de 2016 publicado en The Organizer por Socialist Organizer, sección del CORCI en los Estados Unidos.]

Por Alan Benjamin

En el momento en que esta artículo será enviado a la imprenta [22 de octubre], la nación –o mejor dicho la cantidad cada vez más restringida de personas que en esa nación se toman la pena de ver la emisión– acaban por tercera vez de ser gratificadas del triste espectáculo de un “debate” (digamos un intercambio de insultos) entre Hillary Clinton y Donald Trump. Se escucharon propósitos inflamados sobre “una elección falseada”, “un comportamiento digno de una marioneta de Putin”, pero pocas discusiones sobre las cuestiones esenciales a las cuales están confrontados los trabajadores.

A lo largo de los diez y ocho meses de campaña por la elección presidencial, la mayoría obrera expresó su profundo rechazo a los responsables políticos tradicionales de los partidos gemelos del capital: los Demócratas y los Republicanos. Y este rechazo revistió formas diferentes.

En el interior del Partido Demócrata, Bernie Sanders, que se presentaba como el que no venía del “círculo íntimo” (no obstante él forma parte), fue considerado por un número importante de electores descontentos, sobre todo entre la juventud, como un portavoz de sus aspiraciones. Catorce millones de personas fueron hacia Sanders porque querían un sistema de salud fundado sobre el salario diferido, un verdadero aumento de salarios, el fin de la hegemonía de Wall Street sobre la vida política, el rechazo del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y muchas otras cosas.

En el seno del Partido Republicano, Trump representaba como ese que no forma parte del círculo íntimo, que no era un hombre político, lo cual le valió una amplia audiencia , mucho más importante de lo previsto. Todos los dirigentes políticos tradicionales del GOP (Gran Old Party, el Partido Republicano) – de Jeb Bush a Jon Kasich- fueron eliminados, mientras que surgía una ola popular de derecha, alimentándose de las supresiones masivas de empleos y del racismo de la supremacía blanca.

Pero todo pertenece desde ahora al pasado: Sanders mantuvo su promesa de ceder sus 14 millones de electores a la candidata apoyada y financiada por Wall Street y el gran capital, Hillary Clinton (1). Desde hace tiempo se han olvidado los discursos elocuentes de Sanders contra Wall Street. Por lo que a Clinton respecta, ella hizo poco esfuerzo por atraer a los electores de Sanders o por lo menos expresar sus aspiraciones.

Mientras tanto, la campaña de Trump esta a punto de la implosión.

En el momento en que la campaña electoral llega a su fin, el Partido Republicano según el The New York Times, está al “borde de la guerra civil”, los dirigentes del COP toman lo más rápido sus distancias respecto de Trump. Este último desciende tan rápido en los sondeos que la dirección del Partido Republicano teme ahora que el partido pierda su mayoría en la Cámara de representantes y en el Senado el 8 de noviembre.

El discurso de Trump contra el presidente de los Republicanos de la Cámara de representantes; Paul Ryan, no es menos virulento que el que lanza contra Hillary Clinton, mostrando que Trump se da cada vez más cuenta que su nave hace agua. El caos afecta incluso al tándem presidencial. Trump anuncia que podría no respetar los resultados de la elección presidencial de noviembre mientras que su compañero de equipo Mike Pence declara que naturalmente el GOP se plegará al veredicto electoral.

Esta campaña electoral sin precedente -en la cual Bernie Sanders, en pocas palabras un desconocido, puso en peligro hasta el último minuto a la favorita del Partido Demócrata y en la cual una celebridad de la televisión se puso a la cabeza de todos los favoritos del Partido Republicano- expresa el descontento creciente respecto del sistema de dos partidos y refleja la gravedad de la crisis del sistema capitalista.

Carlos Marx escribía: “el gobierno no es otra cosa que un comité que administra los asuntos corrientes de la clase burguesa en su conjunto”. Hoy día en los Estados unidos, un profundo descontento en el seno de ese comité gestión: su único candidato a las elecciones presidenciales teniendo alguna oportunidad de ganar no beneficia de ninguna popularidad y es objeto de innumerables críticas.

La clase dominante” se lanza a fondo en el apoyo a Hillary Clinton

Como nos acercamos de las últimas semanas de esta campaña presidencial de diez y ocho meses –que parece interminable-, la clase dominante de los Estados Unidos, hace trabajar su maquinaria electoral a toda velocidad con el objeto de obtener la elección de Hillary Clinton al puesto más elevado de la nación. Desde el punto de vista de la clase dominante, Trump es seriamente embarazoso.

Según una crónica escrita el 10 de octubre en el New York Times por Steven Rattner, un financiero de Wall Street y comentador para ese periódico, “ni un solo director general de las cien primeras sociedades de la revista Fortune ha financiado o apoyado la campaña de Trump”, cuando que más de la mitad han aportado su apoyo y fondos a la campaña de Clinton, sobre todo estas últimas semanas.

Una encuesta de Wall Street Journal dirigida a los cuarenta y cinco miembros del consejo de los consultantes económicos de la Casa Blanca ha revelado que ninguno de ellos apoya a Trump. Todos apoyan a Clinton.

Si alguien no estuviera todavía convencido de que Clinton es la candidata por excelencia de Wall Street a la elección de noviembre, los mails recientemente descubiertos en las carpetas de los jefes de campaña, John Podesta, deberían suprimir las últimas dudas.

En esos documentos hechos públicos por Wikileaks –de los cuales ninguno fue desmentido” Clinton declara ante un foro reunido por Goldman Sachs que “como senadora representé y trabajé con un número importante de personas de Wall Street e hice todo lo que pude para asegurar su prosperidad”.

En otro documento, Clinton demanda a los baksters (2) de Wall Street que no se inquieten respecto de sus declaraciones públicas contra el tratado TPP o por un sistema de jubilación garantizado por el Estado. En su situación, ella insiste, es necesario tener una posición “pública” y una “posición privada”. Sobre muchos temas que le gustan a la mayoría obrera, con el objeto de ser electa, les explica ella, tiene necesidad de una “posición pública”, pero una vez en el poder ella aplicará su política “privada” de acuerdo con sus proveedores de fondos de Wall Street.

Este último punto es muy importante para el movimiento sindical. A lo largo de su campaña, Clinton ha repetido: “Me opongo al TPP. Me opondré a el tras las elecciones. Y me opondré a el como presidente.” Sin embargo, en un discurso ante los banksters de Wall Street en San Diego, pagado 225 000 dólares, Clinton ha afirmado que su “sueño era un mercado a escala del hemisferio, en el que el comercio no tuviera fronteras.”

¿Se puede dudar aún de que Clinton, una vez en el poder, hará todo lo posible para hacer pasar el tratado TPP; cierto es, con algunos cambios superficiales para probar que se sitúa verdaderamente del lado de la clase obrera?

¿Se puede dudar todavía sobre el hecho de que intervendrá para promover las “reformas” del sistema de jubilaciones que no han cesado de exigir todos los especuladores, o de que seguirá favoreciendo, e incluso agravando, las políticas de privatización y de desregulación aplicadas por todas las administraciones precedentes, incluida la de Bill Clinton?

¿Se puede dudar todavía de que acelere la marcha a la guerra, haciendo intervenir sobre el terreno más tropas americanas en todo Oriente medio?

“Los conflictos entre los Estados-nación son prácticamente seguros (…) Va a caer una lluvia de infierno”

Si hubiera la menor duda sobre la aceleración de la marcha a la guerra que prepara la jerarquía militar de los Estados Unidos con la aprobación de Hillary Clinton, bastaría con leer el discurso pronunciado por el jefe del estado mayor de los ejércitos, Mark A. Milley, el 4 de octubre de 2016.            Declarando que las guerras van a propagarse a través de todo el globo, Milley ha amenazado con aplastar militarmente cualquier nación, cualquier ejército, que se oponga a la política de los Estados Unidos. Apuntando en particular hacia aquellos que se pronuncian a favor del “desmantelamiento de la OTAN y de la Unión europea”.

Prosiguió su discurso afirmando:

“Todos los países, Rusia, Irán, China, y Corea del Norte, han aprendido de nosotros. Han observado con atención como hemos combatido en 1991 y en 2003. Han estudiado nuestra doctrina, nuestras tácticas, nuestro armamento, nuestra organización, nuestro entrenamiento y nuestra manera de dirigir. Y han revisado en consecuencia sus propias doctrinas, y han modernizado rápidamente sus ejércitos en la actualidad, para no doblegarse a nuestra fuerza, con la esperanza de conseguir vencernos mas tarde, en un momento dado.

Desgraciadamente, me parece que es poco probable que la guerra entre los Estados-nación se vea relegada a los libros de historia. Porque no hay autoridad superior y porque la seguridad es el interés fundamental de cada Estado, más tarde o más pronto, los conflictos entre los Estados-nación son prácticamente seguros. Y nos encontramos hoy en el centro de otro cambio geopolítico mayor…

Así que, en resumen, los veinticinco próximos años no van a parecerse a los diez últimos, ni a los veinticinco últimos. El desafío mayor al que estamos enfrentados, es la modificación del carácter de la guerra; que no se parece en nada a lo que han podido conocer nuestras fuerzas actuales en intensidad y en mortalidad.

Un gran historiador (Victor Davis Hanson) ha escrito recientemente que constataba un aumento del nacionalismo, de las fuerzas armadas regionales, de las reivindicaciones territoriales no satisfechas, de los conflictos sectarios; y un retorno al equilibrio de las potencias políticas del siglo XVIII con esferas de influencia. Ha concluido que había actualmente una brisa ligera en el aire que podía volverse una tempestad. Y ha acabado sus propósitos diciendo que iba a “caer una lluvia de infierno”…(3)

La advertencia no puede ser más clara. Los dos candidatos presidenciales se destrozan. Pero el jefe del Estado mayor de los ejércitos sabe muy bien que, poco importa quien será elegido, la guerra sin fin proseguirá y se agravará.

Una crisis cuyo origen es el propio sistema capitalista

La disputa entre Clinton y Trump no consiste en disputarse sobre los objetivos últimos, sino más bien sobre la manera de alcanzarlos. La crisis que ha dislocado las cimas del poder político en este país se debe a que la base económica del propio sistema capitalista ha sido desestabilizada profundamente por la crisis de 2008 y a que no se ve ningún restablecimiento.

Hay que constatarlo: a pesar de los 8 mil millones de dólares distribuidos por la administración Obama para sacar a flote los grandes bancos y las instituciones financieras, a pesar de las sumas astronómicas inyectadas en la economía en nombre de la “flexibilidad cuantitativa”, a pesar de las supresiones masivas de empleos en muchas empresas, a pesar de los recortes presupuestarios en los servicios sociales; a pesar de todo ello, no hay ninguna recuperación económica.

El FMI reconoce esta situación cuando declara:

“La economía americana ha perdido su vigor en el curso de los últimos trimestres: la expansión prevista para el segundo trimestre de 2016 no se ha concretizado.” Incluso los 5,4 mil millones de dólares invertidos en el petróleo especulativo, sólo han tenido por efecto inflar una burbuja especulativa más importante todavía que la de las subprimes.

El origen de todo ello, es la propia crisis del sistema capitalista, sistema incapaz, si quiere mantener la economía a flote, de alimentarla de otro modo que por medio de estimulantes parasitarios: el complejo militaro-industrial por un lado, una especulación financiera desenfrenada por otro.

La incapacidad a superar la crisis del sistema capitalista de la clase dominante es el elemento que favorece la agravación de su crisis política.

De nuevo a propósito del “mal menor”

En este contexto, es particularmente inquietante ver a los dirigentes de las cumbres sindicales, incluso a los más progresistas, incitar a sus afiliados a movilizarse para que Hillary Clinton sea elegida.

Josh Pechthalt, presidente de la Federación de los enseñantes de California (CFT), uno de los sindicatos mas progresistas del país, ha escrito lo que sigue en un editorial del California Teacher (septiembre-octubre de 2016): “No podemos desinteresarnos de quien sea el próximo presidente…Desgraciadamente, no hay un Labor Party viable en este país, así que sabemos que el próximo presidente será, o un Demócrata, o un Republicano. Elegir a Donald Trump sería una catástrofe. Hillary Clinton es nuestra mejor elección, con el fin de promover un programa progresista, y su elección debe ser nuestro objetivo número uno.”

Y Pechthalt concluía no podemos relajar nuestros esfuerzos en lo que concierne nuestro voto en la presidencial. Pero si ninguna duda planea sobre nuestro voto, no es el momento de desperdiciar votos votando por Jill Stein u otro candidato de un tercer partido”.

Este argumento de “mal menor” ha sido constantemente utilizado desde hace décadas para justificar el apoyo a uno de los dos candidatos de la clase capitalista que se presentan uno contra el otro. Hoy, es el temor de las posiciones “abyectas” de Trump que es avanzado para justificar un voto a favor de Clinton.

Pero una vez electa Clinton, ¿ella no va a continuar la guerra sin fin, no va a continuar la misma política de discriminación social y racial que bajo la administración Obama y bajo todas las administraciones precedentes ha provocado los asesinatos de negros por la policía?

¿No ha sido establecido que la ola reaccionaria que ha apoyado a Trump es simplemente el resultado de la política de ataques contra la clase obrera aplicada en el transcurso de los últimos ocho años por el presidente saliente en nombre del Partido Demócrata?

La verdad que molesta (a algunos), es que Clinton es de hecho una Republicana clásica haciéndose pasar por una “centrista” -a veces incluso “progresista”- y que su única oportunidad para ganar las elecciones es la de tener frente a ella a un bufón llamado Donald Trump.

La verdad que molesta es que durante esta elección estamos frente a una opción entre dos responsables políticos, los más impopulares de la historia de los Estados unidos y es a causa de una política aplicada sin interrupción desde hace decenas de años por los dirigentes del movimiento sindical norteamericano, la del “mal menor”. De elección en elección, la política del “mal menor” ha solamente empujado al horizonte político cada vez más hacia la derecha.

La idea de que la elección de Clinton será para los trabajadores el medio de “promover un programa progresista”, como lo pretende Pechthalt no podría estar más alejada de la verdad.

¿Cómo alcanzar el objetivo de la creación de un Labor Party?

Como muchos responsables sindicales progresistas Josh Pechthalt está favor de un Labor Party, por lo menos en teoría. ¿Pero, si tal es el objetivo, el problema planteado es: cómo lograrlo a partir de la situación presente?

Entre los responsables sindicales partidario del voto Clinton, muchos son esos que afirman que la primera cosa es detener a Trump y es solamente después que podríamos enfrentar a Clinton y forzar a su administración a satisfacer las reivindicaciones más urgentes de los trabajadores, incluyendo las del movimiento Black Lives Matter [La vida de los Negros tiene importancia]. Esto creará, ellos lo pretenden, al final de cuentas un movimiento masivo de protesta social, susceptible de transformarse en una caldera de donde surgirá la creación de un movimiento por un tercer partido incluyendo el Labor Party.

Pero, tal lógica no se ha confirmado por la experiencia histórica. El pasado nos demuestra que cuando los Demócratas están en el poder, la dirección del movimiento sindical hace presión con todas sus fuerzas para ahogar todos los movimientos de protesta social.

Los argumentos del “menor mal” utilizados para justificar un voto Clinton en noviembre serán empleados bajo una forma diferente después de las elecciones. Los movimientos de protesta social serán incitados a moderar las críticas -y las movilizaciones- contra Clinton por miedo a que esto aporte agua al molino de Trump y de la derecha. Toda acción que pudiera ser percibida como “desestabilizante” para Clinton será presentada como haciendo el juego de Trump y de sus lacayos.

¡No! Para que la clase obrera –y en particular sus sectores más oprimidos, los negros y los latinos- gane en la defensa de sus derechos y de sus intereses y para que gane nuevas conquistas deberá afirmar su independencia en todo momento, deberá actuar en un terreno de clase independiente a la vez en las elecciones y en al calle. Deberá ser así antes y después de la elección del 8 de noviembre.

Los trabajadores están listos y quieren el cambio.

Nuestros lectores nos informan de un desprecio general, en los lugares de trabajo, respecto de los candidatos de los dos grandes partidos. Nos informan que los militantes sindicales tienen poca disponibilidad para difundir octavillas a favor de Hillary Clinton cuando ellos están en campaña por los candidatos que se presentan a nivel de las localidades de los Estados, del Congreso o por propuestas de ley locales (4). Mencionan la cólera de los militantes negros, en particular de los jóvenes, respecto de todos los responsables políticos, cualesquiera que sea su etiqueta.

Mismo si es cierto que esta aspiración a una representación auténtica de la clase obrera no puede expresarse actualmente en el terreno electoral por las razones mencionadas anteriormente, los informes recibidos por nuestros lectores -y hay muchos otros- ponen en evidencia una verdad muy simple: la profunda aspiración a una política obrera independiente continúa presente; de hecho continuará buscando todos los medios para abrirse un camino.

Sin duda alguna muchos de los sindicalistas y militantes –quizás la mayor parte de ellos- van a votar por Clinton, pero su actitud contradictoria expresa su exasperación hacia la política de la clase dominante y la búsqueda de una verdadera solución obrera (5).

El camino hacia un partido independiente de la clase obrera no será linear. La formulación de Carlos Marx según la cual “la emancipación de los trabajadores será la obra de los propios trabajadores”, es totalmente apropiada.

La clase obrera tendrá necesidad de que sus organizaciones históricas –en primer lugar sus sindicatos- rompan con su dependencia respecto del Partido Demócrata, para promover los intereses de la mayoría obrera y trazar la ruta que conduce a un Labor Party.

En relación con esta lucha, los negros tendrán necesidad de un partido de la clase obrera negra para defender sus intereses inmediatos y como nación, como lo preconiza Nnamdi Scott, candidato negro independiente a las elecciones municipales de Baltimore por el Ujima People’s Progress Party (UPP).

“Es necesario comprender la relación de los trabajadores negros con el capitalismo”, explica Scott en una entrevista con The Organizer. “Lo que significa que los trabajadores negros deben organizarse políticamente como clase. No basa con tener un movimiento. No habrá liberación de los negros sin que nosotros nos organicemos.

Scott aboga por ya no lanzar peticiones y tratar de influenciar sobre los partidos capitalistas” y para que “nosotros mismos concibamos la manera cómo elaboraremos una lucha independiente ya sea en el terreno electoral o en el terreno del combate cotidiano; debe haber un esfuerzo consciente por parte de los trabajadores negros para que logre obtener su propia independencia política y tomen confianza en su propia fuerza como clase”.

Estas palabras se aplican no solamente a los trabajadores negros, sino al conjunto de la clase obrera. Nunca ha sido tan urgente hacer avanzar la acción política de la clase obrera independiente.

– – – —

Notas

(1) Lejos está de ser seguro que Sanders tenga éxito en su proyecto de ceder todos sus electores a Clinton. Incluso si la mayor parte de los electores de Sanders votarán sin duda por Clinton “cerrando las narices”, muchos otros votarán por otros candidatos o no votarán.

(2) Neologismo fabricado a partir de banker (banquero) y gangster (NdT)

(3) Referencia probable a la celebre canción de Bob Dylan, « A Hard Rain’s A-Gonna Fall”, que describe los horrores de la guerra ndlt)

4) El día de la elección presidencial, los ciudadanos norteamericanos votan también para elegir a sus representantes a diferentes niveles y se pronuncian sobre propuestas de ley locales (ndlt).

(5) Otros votarán por Jill Stein, no necesariamente porque ellos apoyan a los Verdes, sino porque consideran el voto por Jill Stein como el voto de protesta más eficaz contra el sistema de dos partidos. Otros más votarán por uno de los muchos candidatos socialistas que se presentan a la elección presidencia –ya sea en nombre del Socialist Party, del Party of Socialism and Liberation u otros partidos. Pero Stein y el partido de los Verdes no son la solución de remplazo que requieren los trabajadores si quieren ganar sus reivindicaciones.

El partido de los Verdes no es un partido de la clase obrera; él no considera a la sociedad como dividida en clases sociales antagónicas con intereses contradictorios.

La plataforma de Stein y de los Verdes está fundada sobre la idea de una “sociedad civil” donde patrones y trabajadores tienen intereses comunes y de ahí las “cooperativas”.

[1] la Unión Internacional de Empleados de Servicio representa alrededor de 2 millones de trabajadores, más del 25 por ciento de los cuales se identifican como inmigrantes, està integrado por trabajadores de limpieza, trabajadores de hogares de ancianos, enfermeras, proveedores de cuidado infantil, oficiales de seguridad, empleados de los condados y las ciudades y otros trabajadores.

[2] Canvassers.

[i] Nacionalismo que pregona la pureza de la raza blanca.

<span>%d</span> bloggers like this: