El Organizador, En Español

Introducción al Socialismo

By The Organizer

El mundo actual es un desastre. Mire a su alrededor y mire al mundo. ¿Es real que la humanidad está condenada a vivir bajo este sistema
irracional y violento para siempre? Nosotros no lo creemos así. Existe
una alternativa y vale la pena luchar por ella. La historia no ha
terminado, apenas comienza.

Introducción
 
El mundo actual es un desastre. Mire a su alrededor y mire al mundo.

Cada día hay más pobreza, más recortes presupuestarios, más racismo, más destrucción del ambiente, y más guerras. Los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Los siguientes hechos hablan por sí mismos:

- 2.5 mil millones de personas sobreviven con menos de 2 dólares al día.

- El gasto militar anual asciende a más de 800 mil millones de dólares.

- Los activos privados de las 200 personas más ricas del mundo son mayores que los ingresos de los 2.4 mil millones más pobres. (Todas estas estadísticas pueden encontrarse en www.globalissues.org)

Los que sustentan el poder nos quieren hacer pensar que todo este sufrimiento es inevitable a causa de la escasez de recursos y de la “naturaleza humana”. Nos dicen que no hay otra alternativa al estatus quo ya que “el socialismo está muerto, la revolución es una utopía.” El historiador conservador Francis Fukuyama proclamó “el fin de la historia” después de la caída del Muro de Berlín en 1989 y concluyó que el capitalismo constituía “la forma final de gobierno humano”.

Pero ¿es real que la humanidad está condenada a vivir bajo este sistema irracional y violento para siempre? Nosotros no lo creemos así. Existe una alternativa y vale la pena luchar por ella. La historia no ha terminado, apenas comienza.

¿Qué es el Capitalismo?

El principal factor que empuja nuestra sociedad hacia la revolución es la irracionalidad del capitalismo, el sistema basado sobre la propiedad privada de los principales medios de producción (fábricas, tierras, minas, etc.).

Veamos la enorme brecha entre el tremendo potencial para proporcionar las necesidades humanas y la realidad existente.

Veamos la cuestión del hambre. Unos 854 millones de personas sufren de hambre en el mundo, 2 millones más en el último año. Cada día, unos 30 mil niños mueren por enfermedades causadas por la hambruna –un niño cada tres segundos.

Pero, ¿acaso se trata de que no hay suficientes recursos para alimentar a todas estas personas?
 
En realidad, la verdad es lo contrario. El Instituto para el Desarrollo de Políticas de Alimentación expresa: “Abundancia, no escasez, son las mejores palabras para describir el abastecimiento de alimentos en el mundo. Hay suficiente alimentos para proporcionar 4.3 libras de comida por día en todo el mundo, lo suficiente para hacer que la gente sea más gorda. El problema es que mucha gente es muy pobre para comprar fácilmente la comida disponible. Igual en los “países de mayor hambruna”; ahora mismo hay suficiente comida para toda su población.”

Jean Ziegler, el Reportero Especial sobre el Derecho a la Alimentación de la Organización de las Naciones Unidas, concluye: “El hambre es la principal causa de muertes en el planeta. Cada niño que muere de hambre en el mundo de hoy ha sido asesinado”.
 
Si usted pudiera tomar algunas decisiones sobre lo que ocurre en el mundo hoy día, probablemente argumentaría: “Den la comida extra a la gente que la necesita”. ¿Esto es de sentido común, correcto?

Pero el capitalismo no está basado sobre el sentido común –sino que está basado para hacer ganancias. Es un sistema donde los medios de producción (las fábricas, las tierras y las minas, etc.) no son la propiedad de, ni están controlados por, la sociedad en su conjunto. Por el contrario, son propiedad de una minúscula fracción de la población –los capitalistas.

Los bienes no son producidos para satisfacer las necesidades humanas, sino que son producidos para hacer beneficios para los de arriba. Porque no hay ganancias que hacer dándole la comida a la gente, millones son abandonados a que mueran de hambre.

Este es un sistema totalmente al revés. Miles de millones de dólares se gastan en las prisiones y en las guerras, mientras que nuestras escuelas públicas y hospitales se deterioran. Pocos escritores de ciencia ficción del pasado se podían imaginar una sociedad tan distorsionada.

¿Cómo ha evolucionado el capitalismo?

El capitalismo no siempre fue reaccionario. En la fase ascendente del capitalismo, desde el siglo 16 hasta el siglo XX, fue un factor progresivo para la humanidad, a pesar de la explotación y el racismo que generó. Este nuevo sistema venció el atraso feudal, revolucionando la tecnología y las fuerzas productivas, e industrializando muchos países de Europa.

La contradicción básica del sistema –a saber, el hecho de que el sistema produce demasiadas mercancías para ser compradas en el marco del mercado capitalista (sobre-producción) –podía ser superada porque el capitalismo se encontraba en expansión geográfica, propagándose como un virus por el mundo, vendiendo la sobreproducción de bienes en las colonias de Asia, América Latina y Africa.

Pero la tierra no es de dimensiín ilimitada. A partir de 1914 ya no habían más nuevos grandes mercados por conquistar y los mayores países capitalistas –Inglaterra, Francia, los Estados unidos y Alemania– fueron obligados a luchar uno contra otro por el control de los mercados y de las colonias existentes.

La Primera Guerra Mundial, uno de los capítulos más sangrientos y bárbaros  de la historia humana, mostró que el capitalismo había en su última fase: la del mperialismo senil, cuyos beneficios se hacen principalmente mediante la destrucción de las fuerzas productivas, y no de la producción.

Volvamos a la situación actual. ¿Alguien puede negar que la crisis que comenzó en 1914 no ha hecho más que empeorar?

La crisis del sistema es tan profunda en la actualidad que el capitalismo sólo puede conservar rentables a sus compañías destruyendo todas las conquistas ganadas por los oprimidos mediante sus luchas pasadas. Observen cualquier país del mundo y verán que las corporaciones, sus instituciones (FMI, Banco Mundial, Unión Europea, Mercosur, etc.) y las fuerzas políticas que se subordinan ante ellas han lanzado una desesperada ofensiva para hechar por tierra los servicios públicos, los derechos laborales y democráticos, el cuidado de la salud, la educación pública, el Seguro Social, y las organizaciones independientes de los trabajadores. Esa es la realidad detrás de la retórica de la “globalización”.

Esta ofensiva amenaza con la existencia del conjunto de las naciones. Veamos aquí algunos ejemplos. A través de las guerras, los Estados Unidos han destruido la infraestructura, la capacidad productiva, y los servicios públicos en Irak, Afganistán, y Yugoslavia. A través de las privatizaciones, de las desregulaciones, y de la “deuda externa”, el imperialismo ha diezmado docenas de países en África, Asia y en el Este de Europa.

Veamos el caos y la devastación impuesta sobre el continente africano –3.000 personas mueren cada día por causa del SIDA, y solamante 1% de los pacientes han recibido tratamiento, 1 de cada 3 niños completa la escuela, y la mitad de la población vive con menos de un dólar por día.

Este es el futuro que el sistema capitalista tiene guardado para cada uno de los países del mundo — si que es que los pueblos del mundo no lograr poner fin a este sistema putrefacto. ¿Estamos exagerando? En lo absoluto. Observemos Nueva Orleáns y podremos ver la devastación que ya alcanzaron las costas de Estados Unidos.

De lo que se trata es esto: Nosotros tenemos la tecnología y los recursos para proporcionar una vida decente para toda la humanidad, pero nunca antes en la historia humana tanta gente pasa hambre y enfermedades como en la actualidad.

El famoso autor Jack London concluyó, “Ante el hecho de que millones de seres humanos viven en condiciones peores a las del hombre de la época de las cavernas, y dado que la capacidad de producción hoy día es miles de veces mayor que en época pre-histórica, no hay otra conclusion posible: la clase capitalista no puede manejar más nuestras vidas; tenemos que quitarles su poder de control. Esta es la revolución, señores dueños de la industria.”

¿Puede el capitalismo ser humanizado?

Mucha gente nos pregunta, bien, estoy de acuerdo de que en la actualidad hay muchos problemas. Pero ¿no podemos hacer un mundo más próspero apoyando e; “comercio justo”, trabajando juntos con empresarios que tienen un sentido de responsabilidad social, y haciendo nuestra vida más sostenible?

Veamos los hechos. Para mantenerse competitivas en el mercado, todas las corporaciones (no obstante lo que puedan tener de humanitarios sus propietarios) son forzados a maximizar sus ganancias bajando los salarios, cortando los beneficios, evadiendo el control y las regulaciones medio ambientales, y moviendo sus negocios hacia los países donde puede hacerse todo eso mas fácilmente.

El representante de las Organización de las Naciones Unidas Jean Ziegler observó que todas las corporaciones “no tienen mas opción que ser depredadoras, de otro modo serían devoradas por la competencia”. Así como un cáncer no puede ser curado con una venda, no se puede poner fin a esta “carrera desenfrenada hacia el precipicio” pidiéndole al capitalista cohabitar con “los códigos de buena conducta” humanitarios. —es decir, códigos que no son otra cosa que campañas publicitarias que buscan encubrir sus planes destructivos a la vez que buscan cooptar e integrar a la oposición, mientras continúa el capitalista con sus negocios habituales.

“Comercio justo” –o una “economía solidaria” basada en cooperativas – esto nunca reemplazará al capitalismo como existe en la realidad por las siguientes razones: las compañías que no se concentran en hacer ganancias inevitablemente se quedan atrás en la competencia y son obligados o bien a fusionar con una compañía mas rentable o abandonar los negocios. La experiencia muestra que es imposible crear islas de socialismo en medio del océano del capitalismo decadente.

En este contexto, no es una sorpresa que los máximos exponentes de la “humanización del capitalismo”  –Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y el Foro Social Mundial— obtengan su financiamiento principalmente de las instituciones del imperialismo, tales como la Fundación Ford y el Banco Mundial.

¿Qué tal si elegimos un gobierno progresista para que asuma el poder?

Desafortunadamente, hoy por hoy el poder real está ligado a instituciones liberadas de la influencia del sufragio universal. El pueblo no eliged a los mandos militares, a los jefes de policía, a los más altos jerarcas de los administradores de los departamentos del gobierno, a los jueces. Nosotros no elegimos a los líderes de las instituciones los cuales, cada vez más, dictan las políticas económicas y sociales del gobierno a través del mundo: Banco Mundial, FMI, etc.

Así cuando el pueblo elije una administración que rechaza jugar con las reglas de la clase dominante, los capitalistas son forzados a descargarse de su fachada democrática y usan su influencia económica y a sus instituciones del Estado que no son electas (en primer lugar las militares) para desestabilizar y derrocar a esos gobiernos electos.

Un ejemplo notable de este fenómeno se conoció en 1973, cuando el auto-proclamado socialista Salvador Allende comenzó a nacionalizar la industria del cobre (la cual estaba bajo propiedad de corporaciones estadounidenses) y dió pasos hacia la entrega de tierras a los campesinos sin tierra. Ante estas medidas, un ala de la clase dominante se juntó con los militares y con la CIA en un golpe de Estado en el que mataron a Allende, asesinaron a millares de trabajadores y campesinos, y pusieron al dictador Pinochet en el poder. Más recientemente, similares ataques han sido realizados contra los gobiernos electos democráticamente en Venezuela y Bolivia.

¿Qué es la lucha de clases?

La lucha de clases continúa siendo el motor de la historia. Trabajadores y capitalistas no pueden “trabajar juntos” en armonía a causa de la oposición de sus intereses en un cien por ciento. Los trabajadores sobreviven por la venta de su fuerza de trabajo a los capitalistas, a cambio de un salario. Cada dólar extra que el trabajador gana es un dólar menos para los beneficios que su patrón recibe.

Llamando a los explotados a encontrar una “causa común” con sus patrones no solamente es una utopía, sino también una práctica reaccionaria porque significa empujar a los trabajadores a disolver el único instrumento que tiene para defender sus intereses específicos –sus organizaciones de clase, particularmente sus sindicatos. Como dice el dicho, “Nuestros sueños son sus pesadillas”.

La clase trabajadora –junto a sus aliados en la juventud, en los campesinos, y en las nacionalidades oprimidas– representa la vasta mayoría de la población en todos los países del mundo. Los asalariados, segín Marx, son llamados a poner fin al sistema capitalista justamente por el rol que juegan en crear toda la riqueza que produce el sistema. La economía y toda la sociedad se detendría en un segundo sin la labor de los trabajadores.

Los trabajadores pueden cerrar cada ciudad en cuestión de minutos con sólo doblar sus brazos. Nosotros movemos las escuelas, los campos, las tiendas, las fábricas, las oficinas, el transporte; somos los soldados en el Ejército; y nosotros producimos y distribuímos la comida, el gas, la luz, el calor — todo. Ese es el poder real.

El enemigo de todos los trabajadores son los capitalistas, una pequeña minoría de la población que son los propietarios de las corporaciones, de la tierra, de las fábricas, de los bancos.

Si uno observa las mayores instituciones de cada país capitalista –el gobierno, las escuelas, las corporaciones, el ejército—uno podrá ver que ellas son estructuradas mas o menos de la misma manera: una pirámide que viene de arriba hacia abajo. En la cúpula de esas instituciones siempre están colocados los capitalistas más influyentes, los miembros de la clase dominante. (En los países dominados por el imperialismo, esas instituciones están controladas por títeres del capital extranjero, particularmente de los capitalistas de Estados Unidos).

Nunca antes en la historia de la humanidad se había concentrado tanto poder en las manos de tan poca gente, concluye Jean Ziegler. Durante el año 2004, el valor de la riqueza de los más ricos 0.13% de la población mundial subió el 8.2% –lo que significa que esta pequeña minoría ahora controla el 25% de las riquezas de todo el mundo.

En el pasado, la clase dominante estaba orgullosa de su rol. Se ponían coronas y vestimentas lujosas, y cuando caminaban por las calles la gente común se inclinaba reverentemente, diciendo, “Estos son nuestros gobernantes!” Esto no ocurre hoy día.

Al contrario, ellos nos dicen –a través de la televisión, de los periódicos, de las escuelas– que la mayoría pertenece a la “clase media”. Nos dicen que “si trabajamos duro, podremos realizar todos nuestros anhelos”. Nos dicen que “el gobierno es del pueblo y para el pueblo” y que “la revolución es imposible”— y que, por lo tanto, tenemos que “actuar dentro de los marcos fijados por el sistema”.

Uno de las más peligrosas y prevalecientes ideologías que nos martillan en el cerebro es el racismo. El racismo –como el sexismo y la homophobia– crea un abismo entre unos trabajadores contra otros para abandonar su unidad para luchar contra su enemigo real: los patrones. Los trabajadores blancos se vuelven contra los negros. Los trabajadores con papeles dicen que los trabajadores inmigrantes “les roban sus trabajos”. Es la vieja estrategia de divide y vencerás.

¿Cuál es la relación entre reforma y revolución?

Hoy –bajo el capitalismo en su fase final de decadencia– cualquier reforma que pueda elevar de forma significativa los niveles de vida para la mayoría inevitablemente va más allá de los límites del sistema. Ninguna de las principales demandas existentes en el movimiento de masas pueden ser satisfechas plenamente bajo el capitalismo. En este contexto, la lucha por la defensa de las reformas del pasado y por ganar nuevas reformas está inextricablemente ligada a la lucha por derrocar al sistema capitalista en su conjunto.

La mobilización de las masas –no importa cuán limitada sea la demanda inicial—representa el primer paso de la revolución, el puente a través del cual se puede y debe alcanzar otro nivel de conciencia y organización, porque el pueblo aprende en el fuego de la lucha.

Las luchas de un sector de los oprimidos inspiran también a otras luchas. La confianza y la esperanza son contagiosas. Es por eso que durante años, algunas veces hasta décadas, el movimiento de masas puede estar a un nivel bajo, pero cuando el movimiento de masas emerge, golpea a la sociedad como relámpago y tiende a expandirse como fuego forestal a través de la clase trabajadora y a través del país.

Pero, por supuesto, en la lucha por un mundo mejor existen serios obstáculos.

Contrario a lo que algunos expresan, el mayor obstáculo en el camino en la lucha no es la supuesta “apatía” del pueblo trabajador. Casi todos los países del mundo han sido batidos por las movilizaciones y las huelgas en los últimos años.

Tampoco es verdad que los trabajadores han sido “comprados por el sistema”, que no son rebeldes porque viven “demasiado bién”, por la cual sería necesario de que las cosas empeoren radicalmente antes de que emerjan nuevas luchas y posibilidades. Las condiciones de vida para la mayoría se han deteriorado desde 1973 en la mayoría de los países. Pero las malas condiciones de vida no llevan automáticamente a la lucha. Si ese fuera el caso, el conjunto del continente africano viviría en permanente estado de rebelión.

Realmente, los obstáculos centrales hacia una resistencia colectiva son los autollamados líderes del movimiento obrera y de la izquierda” que controlan la mayoría de las organizaciones de los trabajadores y del movimiento de masas. Los capitalistas son una pequeña minoría de la población y sólo pueden mantener su poder si son capaces de cooptar a las organizaciones de los trabajadores, a través de sus falsos lideres que funcionan como sus correas de transmisión dentro del movimiento obrero.

Estos supuestos líderes llaman a “humanizar” al capitalismo y a sus instituciones, y buscan deshacerse de los que llaman las organizaciones “anticuadas” de los trabajadores (en particular los sindicatos), a la vez que cooperan en los recortes de las conquistas existentes de los trabajadores. La organización llamada Secretariado Unificado, por ejemplo, que se autoproclama sí misma como marxista, participa en gobierno capitalista de Brasil y, antes, en el de Italia, y suciamente implementa sus políticas reaccionarias de privatización y de la guerra.

Es por es que León Trotsky escribió: “La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de dirección revolucionaria”.

¿Qué Es la Revolución?

La revolución es el clímax e inevitable resultado de todo el período precedente de la aguda crisis social actual y de la profunda movilización de las masas. En este sentido, la revolución es como un terremoto –que ocurre en el momento idóneo cuando que se forma en años de fricción entre masas de tierra que alcanzan el punto de ruptura y deben soltarse.

Cuando la sociedad alcanza un punto de ebullición, millones de gente común sin experiencia política previa explota en la arena política, buscando una solución a sus más urgentes necesidades. Es esto y no, como dicen algunos, una conspiración armada radical, lo que para nosotros significa cuando hablamos de revolución.

León Trotsky –quien junto con V.I Lenin y el Partido Bolchevique– encabezaron a los trabajadores hacia la toma del poder en Octubre de 1917, alrededor de las demandas de “Pan, Tierra y Paz”, dijó:

“El incuestionable mayor hecho de la revolución es la interferencia directa de las masas en los eventos históricos. En tiempos normales el Estado –sea en la monarquía o en la democracia—elevándose por encima de la nación, y la historia es hecha por especialistas alineados detrás de los negocios –reyes, ministros, burócratas, parlamentarios, periodistas. Pero en los momentos cruciales cuando el viejo orden se vuelve insoportable para las masas, ellos rompen las barreras que los excluían de la política, barriendo a los representantes tradicionales, y creando por su propia interferencia nuevas bases para un nuevo régimen. La historia de la revolución es antes que todo la historia de el ingreso con madurez en el reino de regular su propio destino”.

Cuando la vasta mayoría se moviliza en su propio nombre, las viejas ilusiones de impotencia son destrozadas definitivamente. La clase dominante es empujada a la defensiva y comienza a ser paralizada por la crisis. El sentimiento de euforia de que “todo es posible” prevalece en el aire. Para citar a Lenin, las revoluciones “son festivales de los oprimidos”.

Las antiguas divisiones impuestas sobre las mayorías se vienen abajo en estos momentos históricos. Los trabajadores y los jóvenes de diferentes sexos, origenes, nacionalidades, y tradiciones políticas se unen en la lucha.

Esta ola sin precedentes de resistencia requiere un nuevo tipo de organización para canalizar la lucha –los consejos obreros.

Estas instituciones de la democracia obrera y popular – donde todos los representantes son electos directamente y removidos de sus cargos instantáneamente por sus compañeros de trabajo– son instrumentos de lucha y, potencialmente, órganos del nuevo poder. 

Durante las grandes sublevaciones del ultimo siglo estas organizaciones surgieron bajo diferentes nombres –los más famosos fueron llamados Soviets (Rusia 1905 y 1907), Consejos de Fábrica (Italia 1920), Consejos Obreros (Alemania 1918, Hungría 1956), Asamblea Popular (Bolivia 1971 y 2005), Cordones Industriales (Chile 1973), y Shoras (Irán 1979).

Los emergentes consejos de trabajadores abren una situación tormentosa de doble poder –donde el Estado capitalista existe al lado de los consejos, embriones del nuevo poder del gobierno de los trabajadores. Obviamente, esta situación no se mantiene para siempre. Una de dos: el pueblo pondrá todo el poder en las manos de los consejos, o el viejo regimen derrocará a los Consejos, saliéndose de la crisis e imponiendo las viejas reglas.

¿No podrá el gobierno, se podría preguntar, usar al ejército y a la policía para confrontar la revolución? Pero siempre el ejército está compuesto por la clase trabajadora y los jóvenes –y en tiempos de crisis revolucionaria, sublevaciones de soldados de base dentro de las fuerzas armadas son comunes. ¿Podrían ustedes disparar contra sus amigos y miembros de sus familias que luchan por el cambio socialen beneficio de todos?

Ganando las filas del ejército y tomando el poder económico y político, la clase trabajadora comienza la monumental tarea de comenzar a reconstruir la sociedad sobre bases libres y democráticas.

¿Es necesario un Partido Revolucionario?

La historia muestra que sin la ayuda de un partido revolucionario con suficiente influencia, los trabajadores pueden arrinconar al capitalismo, pero no derribarlo.

Las masas irrumpen en la arena política con el sentido definitivo de que “las cosas tienen que cambiar”, pero sin una clara perspectiva sobre cómo este cambio puede ser realizado. Obviamente esto coloca un problema, porque las situaciones revolucionarias no pueden durar mucho tiempo –no más que pocos días, semanas y meses a lo más. Este es un corto tiempo para aprender del ensayo y del error. Si los trabajadores fallan en golpear en el momento en que el hierro está caliente, la desmoralización puede deslizarse entre sus filas y la contra-revolución tomará la iniciativa.

Como lo mencionamos antes, los mayores obstáculos para la justicia social son los líderes y organizaciones de la “izquierda” comprados para promover la colaboración de clases. Estos representantes de los patrones dentro de nuestro movimiento preconizan “la moderación” y buscan ponerle un freno al surgimiento del movimiento de las masas, presionando siempre por “alianzas” con los explotadores.

En tiempos de agitación de las masas, cuando los capitalistas y sus representantes directos son ampliamente desprestigiados a los ojos de las masas, esos supuestos líderes representan la única esperanza para conservar el sistema. La derrota de docenas de revoluciones del siglo pasado ha quedado bajo su responsabilidad.

Estos líderes reaccionarios solo pueden ser echados creando otra alternativa de dirección –no de un pequeño número de “ilustrados” individuales, sino por millares de activistas revolucionarios dedicados a la lucha por la liberación de la humanidad y organizados alrededor de un programa político científico: el programa de la Cuarta Internacional.

Es por eso que es necesario un partido revolucionario –que actúa como la memoria colectiva de los trabajadores sobre las lecciones aprendidas a través de las luchas pasadas. Tratar de luchar por la revolución sin el beneficio de esas lecciones (el programa Marxista) es como hacer una caminata nocturna sin mapa ni lámpara en espera de llegar a la meta por una casualidad del destino.

De la misma manera que el vapor necesita del pistón para ser canalizado de manera efectiva, las masas que irrumpen de la opresión sólo pueden resultar victoriosas cuando existe un partido revolucionario que pueda proporcionar un plan realista para la toma del poder y puede ayudar a los explotados a superar los obstáculos en su camino.

Nosotros consideramos que la construcción de tal partido pasa por la construcción de un Partido Obrero Independiente de masas en todos los países, el cual puede juntar a todas las corrientes existentes en el movimiento obrero que se levantan por la independencia de clase.

Por eso es que participamos activamente en conferencias y en campañas del Acuerdo Internacional de los Trabajadores y los Pueblos (AITP), un agrupamiento de diferentes corrientes y activistas políticos en 92 países. Nosotros pensamos que el AITP tiene un significado crucial para ayudar a los trabajadores hacia la unidad mundial de los trabajadores para defender sus sindicatos, sus conquistas sociales, la paz, y la soberanía nacional.

¿El Socialismo es Contra la Naturaleza Humana?

Algunos argumentan que igual que la revolución se estableciera, muy pronto va a degenerar –como en Rusia—porque el socialismo es contra “la naturaleza humana”.

Nosotros socialistas no negamos que en la actualidad mucha gente es glotona y egoísta. Eso no significa, sin embargo, que esto sea un rasgo innato. Eso es un subproducto de la distribución desigual de las riquezas y es algo reforzado por el control capitalista de los medios y del sistema educativo.

El capitalismo no fue creado por causa de una “codicia natural”: el capitalismo hace ver la codicia como algo natural. La idea de que la gente es naturalmente codiciosa es similar a la idea popular durante el feudalismo de que “algunos nacieron para gobernar, y otros nacieron para ser gobernados”. Cada clase dominante quiere que la gente piense que su rol es eterno y natural.

El capitalismo está lejos de ser eterno. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, las clases socialies no existieron, y vivíamos comunalmente en pequeñas bandas, dividiendo el trabajo y las riquezas en interés de todos. En efecto, varias sociedades sin clases –tales como el pueblo de Ikung en Namibia y Botswana—continúan existiendo en la actualidad. La “naturaleza humana” no es distinta en estas sociedades, son las estructuras sociales que difieren.

Además, la ciencia moderna ha destrozado el mito según el cual la biología humana hace que la sociedad basada en la solidaridad sea imposible. El famoso biólogo Stephen Jay Gould escribió: “Como imaginarse que genes específicos para la agresión o el resentimiento tienen alguna importancia cuando sabemos que la enorme flexibilidad del cerebro nos permite ser agresivos o pacíficos, dominantes o sumisos, rencorosos o generosos? Violencia, sexismo y las groserías en general son biológicos en el sentido que representan un subconjunto de posibilidades de comportamientos. Pero la igualdad, la solidaridad y la amabilidad también son biológicas –y podremos ver su influencia creciente si llegamos a crear estructuras sociales que nos permitan prosperar.”

Bajo el capitalismo, la humanidad es como una planta de flores dentro de una obscura bodega –no podemos darle mucha oportunidad para desarrollar su potencial. ¿Pero, si en el suelo levantamos una sociedad diferente, ¿no es obvio que podemos cambiar? En una sociedad socialista donde hay abundancia de bienes ¿para qué serviría el acaparamiento o el robo?

¿No Llevan las Revoluciones Hacia las Dictaduras? Miren a Rusia?
 
El socialismo no significa “hacerlos a todos iguales”. No significa totalitarismo. Esos son mitos. Socialismo significa la expansión de la democracia y de todos los aspectos de la sociedad.

Pero la sociedad únicamente puede alcanzar ese estadio mediante la eliminación de la economía de la escasez. En países atrasados como Rusia, China y Cuba, la precondición económica para la construcción de la sociedad socialista simplemente no existió. El socialismo no puede ser construido dentro de los límites de la frontera de un país –especialmente si es un país pobre y campesino.

¿Por qué en aquel entonces V.I Lenin y Trotsky y el Partido Bolchevique encabezaron a los trabajadores hacia la toma del poder en Octubre de 1917? La respuesta es simple. Ellos vieron la Revolución de Octubre como la punta de lanza de la revolución mundial y buscaron, a partir de este territorio liberado, extender la revolución a escala internacional.

De hecho, la masiva onda revolucionaria barrió toda Europa y el mundo entero después de 1917, pero las revoluciones de los trabajadores en Alemania, en Hungría, y en Italia fueron aplastadas y ahogadas en sangre, debido a la ausencia de partidos revolucionarios capaces de dirigir la lucha hasta la victoria.

En 1921, el hambre, la pobreza y el desempleo asolaron Rusia –debido a la guerra civil sostenida por el imperialismo, la invasión armada de 14 países, y un bloqueo económico general.

La enorme escasez de los bienes esenciales como alimentación y ropa llevó a algunos funcionarios a comenzar a desviar esos bienes para ellos mismos. Para poder asegurar su posición de privilegios, la incipiento burocracia, dirigida por Josef Stalin, tuvo que eliminar todos los organos de la democracia en el partido y en el gobierno. Las primeras víctimas de Stalin fueron los miembros de la “Oposición de Izquierda” encabezados por León Trotsky, que luchó (como V.I. Lenin en el último mes de su vida) para reencausar la revolución hacia sus raíces democráticas y al programa internacionalista de la Tercera Internacional. La Cuarta Internacional creció de esta heróica lucha.

Aquí esta la cuestión. Si uno entiende las raíces socio-económicas del Estalinismo, entonces puede ver qué lo ocurrido en Rusia no necesita suceder ahora si nosotros somos capaces de extender la revolución más allá de las fronteras de un país.

¿Qué es la IV Internacional?

La Cuarta Internacional es una organización internacional de los trabajadores y los jóvenes. La IV Internacional fue fundada en 1938 y, después de una división desestabilizadora en 1953, fue reproclamada en 1993. La Cuarta Internacional tiene secciones nacionales en 44 países y sostiene la tradición del socialismo y la revolución de Karl Marx, V.I. Lenin, y León Trotsky.

Nosotros participamos en todas las luchas por cambios progresivos, nos movilizamos por la unidad y la independencia del pueblo trabajador, de los oprimidos y sus organizaciones, y siempre tratamos de empujar las luchas hacia adelante.

Nosotros luchamos por el socialismo, por la expropiación de los principales medios de producción. Nosotros luchamos por una sociedad donde el pueblo mismo, organizado sobre la base política de los consejos multipartidarios, pueden decidir las mayores cuestiones económicas, políticas y culturales. Derechos democráticos tales como la libertad de expresión, libertad de prensa, libertad de asambleas, y libertad de asociación serán una realidad para todos.

La producción será orientada finalmente para resolver las necesidades humanas. Vastos recursos serán disponibles para satisfacer cada una de las necesidades humanas, erradicando enfermedades como el SIDA, y tomando medidas para salvaguardar el medio ambiente tal como la construcción masiva de transporte y equipos con fuentes de energía reciclables. La historia real de la humanidad tomaría sus primeros pasos.

¿Eso es una utopía? En lo absoluto. Los recursos ya existen para proporcionar las necesidades básicas de todos los seres humanos del planeta. La Organización de las Naciones Unidas ha estimado que el costo, para todos los países “sub-desarrollados”, para “logar el mantenimiento y acceso universal a la educación básica para todos, cuidado médico básico para todos, cuidado para la reproducción para todas las mujeres, alimentación adecuada para todos, y agua segura y potable para todos por aproximadamente se requiere $40 mil millones al año…eso es menos del 4% de todas las riquezas combinadas de los 225 hombres más ricos.”

Jack London describe el socialismo muy brillantemente de la siguiente manera: “Los incentivos [bajo el socialismo] serían mejores y más nobles que los incentivos actuales, que son los incentivos del estómago. Por el contrario, el pueblo será empujado a la acción niños y niñas al jugar, como artistas pintando en la tela, como los inventores, como los científicos, los poetas sirviendo a la humanidad con sus canciones. El impulso espiritual, intelectual y artístico en esta sociedad será tremendo. El mundo humano surgirá como una urgente ola imponente.”

El destino de la humanidad está en juego. En el siglo XXI las situaciones revolucionaria surgirán aquí y en el exterior a causa de que el capitalismo es un sistema autodestructivo que sólo puede crear más miseria, más hambre y más guerra.

Pero ¿las próximas revoluciones vivirán el mismo trágico destino que las revoluciones en el siglo XX? ¿La sociedad irá hacia delante o retrocederá hacia el caos y el colapso? La respuesta depende ampliamente de que si nosotros construimos una organización revolucionaria que necesitan los tiempos. Eso depende de gente como usted.

No comments yet.

Add your response